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22 febrero, 2020
VIVIR PLENAMENTE
Tona Galvaliz

“El poder de tu Palabra” | Por @TonaGalvaliz

Con nuestros actos lingüísticos manifestados por medio de palabras creamos realidad, damos existencia y vida a nuestras creencias, ideas, percepciones, interpretaciones, afirmaciones, juicios. El verbo “la Palabra” es muy poderosa. Imprimen carácter de acción efectiva con potestad ejerciendo autoridad sobre lo que conjeturamos haciendo que las cosas sucedan de determinada manera y no de otra, por ejemplo: Condenando o liberando, matando o dando vida, destruyendo o construyendo. Al modificar creencias, el sentido y la óptica a través de nuestras palabras todo puede cambiar.

Un grupo de ranas caminaban juntas por el bosque. De pronto y sin querer, dos de ellas cayeron en un pozo profundo. El resto de las ranas sorprendidas se asomaron rodeando la boca del pozo para observar a sus dos camaradas desafortunadas.

Todas se percataron de la profundidad importante del agujero del pozo y rápidamente las dos accidentadas comenzaron a saltar con todas sus fuerzas sin parar, pero no podían alcanzar la orilla. Las ranas observadoras comenzaron a cuchichear entre si y daban por muertas a sus dos compañeras, ya que no veían posible que pudieran salir de allí a pesar de los intentos.

De modo que comenzaron desde la orilla, a gritarles que no podrán salir y que se rindan, que ya no hay nada que ellas pudieran hacer: – ¡No lo intenten! ¡No lo van a lograr! ¡Es una locura!, ¡Es imposible! Pero las dos ranas ignorando los gritos de sus compañeras, continuaban saltando sin parar, a pesar que las otras no dejaban de decirles que iban a morir de todos modos a pesar de sus muchos esfuerzos: – ¡Basta, no lo conseguirán! ¡Es imposible! ¡Ya no hay nada que hacer!

Las ranas espectadoras gritaban insinuantes con más intensidad y muy mortificadas – a las dos desventuradas- que al final una de las dos ranitas que saltaba sin parar se dio por vencida y decidió entregarse a su desgracia, se dejó caer al suelo y sin más finalmente murió.

Sin embargo, en el mismo instante, a pesar del mal momento, de su gran agotamiento la otra rana continúo saltando y saltando cada vez con más ánimo, con más fuerza, coraje y determinación. Sus “amigas” simultáneamente gritaban mucho más alto para que ésta dejara de saltar: – ¡Deja de saltar! ¡Date por vencido! ¡Es imposible! ¡Ya no hay nada que hacer! Le gritaban una y otra vez. Y, la ranita saltaba más y más. Hasta que de pronto logro salir del fondo y oscuro agujero.

Ella pensó que, por los gestos que realizaban sus compañeras, la estaban animando todo el tiempo. Y una vez ya junto a ellas, les agradeció de todo corazón el haber recibido tanto estímulo, apoyo y aliento. El hecho es que esta rana era sorda, y le era imposible escuchar las palabras desalentadoras, desmoralizantes que en vedad ella había recibido de las demás.

¿Qué actitud tuvieron dentro del pozo ambas ranas? ¿Cual crees que fue la clave de que una rana se salve y la otra no? ¿Qué similitud encuentras en la historia narrada con algunos aspectos de tu vida? ¿Cómo es tu escucha? ¿Tus palabras estimulan o descalifican? ¿De que te diste cuenta?

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