”Día de la Madre” l Por Mirian Blanchard
El Día de la Madre, por lo general es una fecha muy movilizante, porque trae el recuerdo de las ausencia, genera a veces toda una logística familiar para ver cómo y dónde se pasa y con quién. Desde acá promovemos, que sea una jornada para disfrutar, vivirla con alegría, hacernos...
El Día de la Madre, por lo general es una fecha muy movilizante, porque trae el recuerdo de las ausencia, genera a veces toda una logística familiar para ver cómo y dónde se pasa y con quién.
Desde acá promovemos, que sea una jornada para disfrutar, vivirla con alegría, hacernos de un tiempo para compartir con ella, predispuestos a conectarnos, a escuchar mientras tomamos unos mates, un té, lo que sea. Ellas siempre están a la espera de nuestra visita, un llamado telefónico o un mensaje de WhatsApp, preguntando cómo amanecieron y si necesitan algo.
Pasar un rato a tomar unos mates, llevarle los nietos, salir a caminar por el barrio del brazo o solamente sentarse a escuchar una y otras vez los relatos del pasado, mil veces ya contados, las historias de las telenovelas turcas o dolencias físicas, que muchas veces son las marcas de una vida dura o reflejan el dolor de las ausencias, es lo que ellas necesitan para ser felices.
Las relaciones familiares ideales no existen, porque somos humanos, a veces los hijos/as tenemos nuestras diferencias con nuestras madres, por eso siempre en las familias hay encuentros y desencuentros, pero lo importante es saber que hacemos nosotros con esas historias y si tenemos la grandeza de comprender, perdonar, gradecer y seguir adelante.
Les digo más, nuestras madres nunca dejan de preocuparse por nosotros, de pensar cómo estamos y tratar de darnos concejos. Muchas veces decimos o escuchamos decir que metida, pero en realidad ante sus ojos están tratando de vernos felices, por eso debemos poner filtros, escuchar, poniendo límites sin son necesarios, pero siempre con amor y respeto, sin confrontaciones, porque lo que ellas siempre buscan es vernos bien.
Hacer un alto en la locura diaria y pasar a tomar unos matecitos con la vieja, predisponiéndonos a escuchar, con paciencia y amor. Con esa misma paciencia con las que nos acunó en la horas de llanto, con el mismo amor que sostuvo nuestra mano para que pudiéramos aprender a caminar. Entiéndase bien no estoy diciendo, que nuestros padres se vuelven niño cuando se ponen mayores, hablo de imitar el amor, la paciencia y la dedicación que ellos nos tuvieron cuando niños. En la vejez es hora de devolverles a nuestras madres, aunque sea una cuarta parte, de todo ese amor y dedicación que nos brindaron para transformarnos en lo que hoy somos.
Nuestras madres, necesitan de nuestro amor, paciencia, escucha atenta, agradecimiento y apoyo para hacer que sus días sean más felices.
La vida es bella y vale la pena poner todo de nosotros para disfrutar cada momento plenamente.
Bienvenidos a #VivirPlenamente!
