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8 diciembre, 2019
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La transición demográfica en América Latina y sus implicancias para las políticas públicas

En las próximas décadas, el cambio en la estructura de edades se acentuará y se generalizará en toda la región, cuyas tasas de crecimiento de la población descenderán y las personas mayores aumentarán su peso proporcional, desafiando a las políticas públicas

La demografía es el estudio de las poblaciones y tiene tres componentes para su evolución, análisis e interpretación: los nacimientos, las muertes y las migraciones. La transición demográfica ha sido el paradigma dominante de la interpretación de los fenómenos demográficos en perspectiva histórica.

Este proceso se describe, desde sus primeras formulaciones (Adolphe Landry, 1934, La révolution démographique y Frank Notestein 1945, Population: the Long View), como el descenso de niveles altos a niveles bajos de mortalidad y natalidad con relativos equilibrios de crecimiento poblacional en ambos extremos.

Fases de la transición demográfica

En el medio de este proceso, sin embargo, se produce un empuje de crecimiento poblacional derivado de un descenso de las muertes no simultáneo con el descenso de los nacimientos. Es decir, debido a distintos factores (avances en la medicina, en las políticas públicas de salud, en prácticas higiénicas, etc.) se empieza a controlar la mortalidad en los niños y esto coexiste con niveles aún altos de natalidad. Producto de una baja en la mortalidad infantil cuando todavía la natalidad es alta, el crecimiento de la población recibe un empuje. Luego se vuelve a equilibrar cuando las personas reduzcan la cantidad de hijos que tienen en función de la supervivencia mayor de los mismos.

La transición demográfica es un fenómeno inevitable y universal. Si bien el descenso de la natalidad no se registra aún en todos los países del mundo, una vez que desciende la mortalidad no existen países que mantengan su crecimiento natural bajo sin que las tendencias de la fecundidad empiecen a retraerse (Chesnais, 1986, La transition démographique. Etapes, formes, implications économiques). Aún con estas tendencias generales la gran diversidad de procesos de transición demográfica radica en los niveles y ritmos de cada caso específico.

La transición demográfica en América Latina

En el caso de América Latina, la transición demográfica ha registrado mayor velocidad que en otras regiones del mundo y con grandes heterogeneidades al interior de los países. En términos generales, el descenso de la mortalidad se inicia en la primera mitad del siglo XX en tanto que a partir de allí se registra un descenso acelerado de la fecundidad (Chackiel, 2004, La dinámica demográfica en América Latina; Guzmán et al, 2006, La demographie de l’Amerique latine et de la Caraibe depuis 1950).

 

Sin embargo, algunos países como Argentina y Uruguay habían iniciado ya de forma adelantada este proceso, en tanto otros países como Bolivia, Guatemala y Nicaragua se ubican en el otro extremo y encuentran el cambio de siglo con procesos moderados y aún incipientes de transición. Entre tanto los países más poblados del continente como México y Brasil se ubicaban aún en plena transición.

“En el caso de América Latina, la transición demográfica ha registrado mayor velocidad que en otras regiones del mundo y con grandes heterogeneidades al interior de los países”.

La principal consecuencia de este proceso de transición demográfica es el cambio en la estructura de edades de la población. En América Latina a mediados de siglo la proporción de personas que superaban los 60 años era de 5.6; actualmente supera el 12% y se prevé que para mediados de este siglo este porcentaje se duplique, lo cual implicará que una de cada cuatro personas mayores tendrá más de 60 años. Es decir, las personas que superan los 65 años serán más que las menores de 15 en toda la región.

 

Actualmente las poblaciones del Cono Sur son las más envejecidas del continente, llegando Uruguay a presentar un 20% de personas mayores de 60 años, Chile 17% y Argentina 15.4%. Este fenómeno es el resultado de un proceso histórico de caída temprana de la fecundidad y la mortalidad más reciente en el caso chileno.

Países como Brasil, México y Costa Rica, que se encontraban en una fase de envejecimiento moderado hace diez años, ya se ubican en una fase más avanzada de este proceso mostrando proporción de personas mayores superiores al 10% y en el caso costarricense en el entorno del 15%. Panamá se ubica en un nivel intermedio con una proporción de personas mayores cercana al 12%. (Paredes et al, 2019, La transición demográfica en América Latina: heterogeneidades, ritmos y velocidades del cambio de estructura de edades de la población).

Los desafíos para las políticas públicas

En las próximas décadas el cambio en la estructura de edades es de esperar que se acentúe y se generalice a la vez en la región. A medida que el proceso de transición demográfica se consolide las tasas de crecimiento de la población descenderán en tanto las personas mayores aumentarán su peso proporcional.

Esto supone un cambio radical en la concepción de la vida y la muerte, en la construcción sociohistórica de las edades de las personas y en la propia concepción de vejez. Cuando una persona llega a los 60 años tiene en promedio más de 20 años por vivir, la misma distancia cronológica que separa la juventud de la adultez. Las mismas personas mayores pueden convivir entre sí con personas de más avanzada edad dado el aumento progresivo de los mayores de 80 años. Por lo tanto, asistimos, como nunca, a la convivencia de múltiples generaciones en las familias, las sociedades y las distintas instituciones de la vida social.

Los desafíos en políticas públicas son muchos. No solo en materia de reasignación de recursos por parte de los gobiernos sino también a un replanteamiento del papel de las personas mayores en la vida social. Los sistemas de salud y de seguridad social deberán adaptarse también a este fenómeno irreversible que se verá consolidado en toda la región a mediados de este siglo.

Corolario final

El camino en las políticas públicas ha avanzado sustantivamente en la región, desde las sucesivas estrategias de implementación del Plan de Acción de Madrid para el Envejecimiento del año 2001 hasta la aprobación de la Convención de Protección de los Derechos de las personas mayores en al ámbito de la Organización de Estados Americanos (OEA, 2015, Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores).

Este instrumento se dirige a la protección de derechos emergentes, vigentes y nuevos de esta población reconociendo su relevancia y combatiendo su discriminación teniendo en cuenta los distintos contextos culturales, sociales y geográficos. (Mariana Paredes, Socióloga y Demógrafa, Universidad de la República, Uruguay).

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